Si todavía no conoces Galicia, casi te diría que tienes una escapada pendiente. Es uno de esos destinos que se disfrutan especialmente en ruta y sin demasiadas prisas, dispuesto a desviarte, parar en un mirador o descubrir un pueblo que no estaba en el planning, pero que aparece en el camino y te obliga a detenerte. En Galicia conviene dejar espacio para la improvisación, porque muchas veces son precisamente esas paradas inesperadas las que terminan convirtiéndose en algunos de los mejores recuerdos del viaje.
En este artículo vamos a compartir los lugares que más nos han gustado durante nuestro paso por las Rías Altas, algunas paradas que nos sorprendieron y varios consejos que fuimos aprendiendo sobre la marcha. No queremos proponerte una ruta cerrada para seguir al pie de la letra; nuestra intención es que te sirva de inspiración para preparar tu propio viaje, elegir los lugares que más te atraigan y dejar también espacio para improvisar y descubrir otros por el camino.
Así que prepara el mapa, abre el bloc de notas y empieza a guardar ideas, porque las Rías Altas están llenas de lugares en los que merece la pena detenerse, mirar alrededor y disfrutar sin prisas.
1. Cómo organizamos nuestros días por las Rías Altas.
La verdad es que nos faltaron días. Recorrer Galicia en dos semanas da para lo que da y enseguida nos dimos cuenta de que esta es una tierra para volver. En nuestro caso, dedicamos tres días a las Rías Altas: uno para recorrer la costa, otro para descubrir las Fragas do Eume y un tercero para explorar con más calma los alrededores de nuestro alojamiento, en San Martiño do Porto.
No seguimos una ruta cerrada. Llevábamos algunos lugares apuntados, pero también dejamos espacio para improvisar, parar donde nos apetecía y cambiar los planes sobre la marcha. Y creemos que esa libertad fue una de las mejores decisiones del viaje.
2. De Ribadeo hacia la costa más salvaje.
Aquí empieza una de esas jornadas en las que conviene no mirar demasiado el reloj: playas, acantilados y carreteras junto al Cantábrico donde apetece parar constantemente y que si cierras los ojos sabes que te vas a perder algo que merece la pena.
2.1. Playa de las Catedrales.
Empezamos por uno de los lugares más conocidos de Galicia, la Praia das Catedrais. Y sí, es turística, pero merece la parada. Durante la marea está baja puedes caminar por la arena entre enormes paredes de roca, arcos y pasadizos naturales modelados por el mar, algunos de ellos de hasta unos 30 metros de altura. Es precisamente desde abajo cuando se entiende de verdad de dónde viene su nombre y por qué se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la costa gallega.
Lo más importante es consultar las mareas antes de ir, porque cuando empieza a subir el agua el mar va ocupando prácticamente toda la playa. Además, ten presente que en Semana Santa y del 1 de julio al 30 de septiembre, para acceder es obligatorio solicitar una reserva gratuita en la web oficial para controlar el aforo diario.

2.2. Punta do Fuciño do Porco.
Otro de esos lugares de las Rías Altas donde merece la pena hacer una parada es Punta do Fuciño do Porco, en O Vicedo. Para llegar hasta la parte más espectacular hay que hacer una pequeña caminata, pero el premio merece la pena: pasarelas de madera que recorren un cabo estrecho entre acantilados, con el Cantábrico abriéndose a ambos lados y unas vistas realmente espectaculares.
El premio que te espera al final de la pasarela lo dejamos en suspense —ya nos contarás si después le cambias alguna letra a esa palabra—, aunque, sinceramente, es casi lo de menos. Lo verdaderamente impresionante es el camino hasta allí, con las pasarelas serpenteando entre los acantilados y el mar como protagonista.
Si viajas en verano, ten en cuenta que del 1 de julio al 31 de agosto es necesario reservar gratuitamente el acceso durante el horario de control de aforo. La visita completa, contando ida y vuelta desde el aparcamiento, ronda los 2,8 kilómetros, así que lleva calzado cómodo y disfruta del paseo sin prisas.

2.3. Praia de Area Longa.
Cuando sales de Punta do Fuciño do Porco y empiezas a bajar hacia la costa, merece la pena desviarse hasta la Praia de Area Longa. Es uno de esos arenales amplios y tranquilos que encajan perfectamente con la imagen más salvaje de las Rías Altas: mar abierto, naturaleza en mayúsculas y la desembocadura del río Sor, que termina formando aquí la ría de O Barqueiro-O Vicedo.
Con la marea baja, el paisaje cambia por completo y el arenal parece hacerse todavía más grande, invitando a caminar junto al agua y acercarse hacia la desembocadura. No hace falta convertirla en una visita de todo el día; simplemente es uno de esos lugares donde apetece parar, darse un baño si el tiempo acompaña y disfrutar un rato antes de seguir camino.

2.4. La ría de Ortigueira.
De camino a Vixía de Herbeira no pudimos resistirnos a hacer una parada ante la maravilla que se abría frente a nosotros desde la carretera: la ría de Ortigueira. Marismas, pinares, pequeñas casas de colores con sus propios embarcaderos y un pueblo al fondo componían uno de esos paisajes que te obligan a frenar y hacer un alto en el camino.
Bajamos simplemente para disfrutar del paisaje, caminar un rato y seguir confirmando algo que ya habíamos aprendido en este viaje: en las Rías Altas conviene dejar hueco para improvisar.

2.5. Acantilados de Vixía de Herbeira.
Esta parada sí la llevábamos apuntada desde antes de empezar el viaje. Vixía de Herbeira, en plena Serra da Capelada, era uno de esos lugares que teníamos ganas de ver en persona, y la carretera para llegar ya empieza a avisarte de que estás entrando en una zona especial.
Al llegar, el paisaje cambia por completo: acantilados de más de 600 metros, laderas que caen hacia el Atlántico y una sensación de inmensidad difícil de explicar en una foto. Desde la Garita de Herbeira las vistas son impresionantes, pero merece la pena tomarse también con calma el trayecto, porque por el camino es habitual encontrarse caballos y vacas pastando en libertad y varios puntos donde parar simplemente a mirar.

2.6. San Andrés de Teixido y un consejo para comer.
La mujer de nuestro alojamiento nos dio uno de esos consejos que valen oro: si íbamos a Vixía de Herbeira, merecía la pena desviarnos hasta San Andrés de Teixido y aprovechar para comer en el Mesón Eiravella. Le hicimos caso y fue todo un acierto.
Comimos marisco buenísimo, abundante y a un precio más que razonable, en un ambiente familiar, auténtico y muy de la zona. Nada sofisticado ni pensado para turistas: simplemente un sitio donde sentarte, comer muy bien y disfrutar de esa hospitalidad gallega que también forma parte del viaje. De esas recomendaciones que recibes durante la ruta y acabas agradeciendo mucho más que cualquier lista de restaurantes.

3. Fragas do Eume: cambiamos el mar por el bosque.
Después de un día prácticamente pegados al Cantábrico, tocaba cambiar completamente de paisaje. Y pocos lugares podían hacerlo mejor que el Parque Natural das Fragas do Eume, uno de esos bosques donde parece que el verde se multiplica por todas partes. La vegetación atlántica crece espesa alrededor del río Eume, que atraviesa el parque entre robles, castaños, alisos, helechos y zonas donde las ramas apenas dejan pasar la luz.
La mejor forma de disfrutarlo es caminando. Nosotros fuimos siguiendo el río hasta llegar al Monasterio de Caaveiro, escondido en lo alto y rodeado completamente por el bosque. El antiguo conjunto monástico tiene más de diez siglos de historia y todavía pueden recorrerse algunas de sus antiguas dependencias, como la casa de los canónigos, la cocina o la zona de la iglesia. Cuando nosotros estuvimos, además, había un pequeño bar donde poder hacer una pausa antes de continuar.
Y no te marches de Caaveiro nada más terminar la visita. Merece muchísimo la pena bajar hasta el río Sesín, donde aparece un antiguo puente medieval cubierto por la vegetación y, prácticamente a su lado, las ruinas de un viejo molino. El agua, las piedras llenas de musgo y el bosque cerrándose alrededor hacen que sea uno de esos rincones que parecen sacados directamente de un cuento.

4. Recorre las Rías Altas con el chip explorador.
Si algo aprendimos recorriendo las Rías Altas es que merece la pena llevar el chip explorador activado. Nosotros llegamos a las Fragas do Eume por carreteras secundarias, atravesamos pequeñas aldeas y acabamos descubriendo paisajes que no estaban en ningún planning. Lo mismo nos pasó con Pontedeume, donde terminamos paseando, comiendo de lujo en un local lleno de gente de la zona y disfrutando mucho más de lo esperado.
También acabamos en la Praia da Magdalena, junto a la desembocadura del Eume, contemplando uno de esos paisajes donde el bosque parece llegar hasta tocar el agua. Así que nuestro consejo es sencillo: lleva algunos lugares apuntados, pero deja tiempo para perderte un poco, porque en Galicia muchas veces lo mejor aparece cuando no lo estás buscando.

Y esto ha sido solo una parte del viaje. Nos quedan muchas historias por contar: las Rías Baixas, Santiago, Combarro, O Grove y, también, esa parada de dos días en una pequeña aldea del interior con apenas tres casas, donde descubrimos una Galicia completamente diferente.
Si te apetece seguir viajando con nosotros y descubrir nuevas rutas, escapadas y rincones que merecen la pena, puedes suscribirte gratis al blog. Así no te perderás los próximos capítulos de este recorrido por Galicia ni todas las ideas de viaje que iremos compartiendo.
Si te ha gustado esta guía suscríbete gratis al blog.
¡Prometemos enviar solo cosas interesantes!

